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1984




1984. Winston Smith vive en Londres. Un Londres en ruinas y desolado por los constantes ataques de Eurasia, o puede que de Asia Oriental. Cada mañana se levanta y se coloca con la mejor de sus sonrisas frente a la telepantalla, el Gran Hermano (líder mediático al que sólo se ve en la propaganda y que se da un aire a Stalin), y se prepara para un duro día en su trabajo. Reescribir el pasado.



Porque la telepantalla es el método mediante el cual el partido controla a los miembros externos, vigilándolos y cerciorándose de que no hay ningún indicio de traición a los ideales del partido en sus personalidades, excrutando cada uno de sus gestos, y escuchando cada una de sus conversaciones, incluso lo que se dice en sueños.

Smith trabaja en el Ministerio de la Verdad, de los cuatro que existen (Ministerio de la Verdad, Ministerio del Amor, Ministerio de la Abundancia y Ministerio de la Paz), que paradójicamente se dedica a revisar los acontecimientos del pasado, y a modificarlos según la coyuntura del momento en que se encuentren (referencia a las manipulaciones y trucajes de documentos y fotos en la URSS). Mediante una serie de elementos (y la policía del pensamiento), como el lenguaje, o más bien la eliminación de conceptos de éste, el lavado de cerebro, o la propaganda y lemas, se consigue crear una sociedad en la que los hijos denuncien a sus padres como desertores y manipular la conciencia y voluntad del pueblo... o no.

Seguiremos a Winston a través de su monótona vida, en su camino en la búsqueda de la verdad, su verdad, y que le llevará a plantearse si realmente la vida que les han vendido es lo que les dicen que es.

George Orwell escribió esta novela, en 1948, y trata de reflejar la realidad y prácticas de los totalitarismos del momento, tanto de la Unión Soviética como del Fascismo, y de las vivencias del propio escritor durante la Guerra Civil Española.

Recomendable 1000%.

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