Resulta que su mujer, Katie, tiene un lío con un agente del FBI, Harry Pfarrer (George Clooney), y decide que ha llegado el momento de separarse de su marido, no sin antes recoger un poco de información del estado de sus cuentas, por si este se negase a pasarle su pensión. Así que Katie entra en el ordenador de su marido, y copia esos datos en un CD. O eso cree.